Esta palabra engloba a aquellos jóvenes apolíticos, generalmente vinculados a la delincuencia, personas sin ideales inclinados al crimen como medio de subsistencia y la violencia hacia los demás estratos de la sociedad. Reciben el nombre de janis, hichis, angangos, majolillos, burracos o quillos, según su lugar de origen.
Los canis, al igual que en la mayor parte de las tribus urbanas, están compuestos por una mezcla de personas: niños que no tienen en claro lo que hacen, canis verdaderos, y otros que solo se visten para integrarse en el grupo. No todos son delincuentes, pero a su vez tampoco son unos santos.
Se distinguen por las gorras, zapatillas de marca, ropa deportiva, anillos de oro, sellos, cadenas, etc. Ellas en cambio, por los ojos perfilados estilo Cleopatra, rabillo del ojo bien estirado con raya negra o mediante puntitos, y pestañas bien alargadas con rimel negro. Les encanta llamar la atención, cantar y tocar las palmas y casi nunca pasan inadvertidos ante el resto de la sociedad.
El peinado más característico entre ellos es el cenicero, a veces teñido de rubio. Además, abundan los pelos rapados por los lados con greñas en la nuca, todo el pelo rapado, e incluso con dibujos con el símbolo del dólar, rayas o su nombre.
Sus gustos musicales son varios,destaca el flamenco y el hip-hop, especialmente Camarón de la Isla al que muchos consideran su “dios” y el sureño Haze, con una mezcla de “sonidos de barrio” compuesto por rap, flamenco y reggaeton, y al que muchos acusan de hacer música sólo para canis.